Sistemas de Gestión de Calidad y Seguridad Alimentaria en tiempos de crisis (II)

En la primera parte de este artículo se expuso que un sistema de gestión de calidad y seguridad alimentaria parecía un gasto para las empresas sin ningún otro beneficio. Pues bien, con la última alerta sanitaria todavía reciente (la crisis del pepino) esta afirmación se hace más cierta. El beneficio de la implantación y mantenimiento de un sistema gestión de calidad y seguridad alimentaria se obtiene por el mero hecho de tenerlo implantado, es decir, estos sistemas permiten a la empresa saber qué está haciendo, qué desviaciones tiene, qué puede corregir para mejorar su productividad, su calidad, etc. con lo que puede evitar fallos en la cadena de producción que disminuyan su rendimiento, servir un producto no seguro, aceptar un producto defectuoso.

Un fallo en la seguridad alimentaria, por ejemplo, un pollo asado contaminado por salmonella a la venta en un supermercado y consumido por un gran número de personas, en primer lugar, perjudica la salud de esas personas, en segundo sale a la luz pública y rápidamente obliga a la retirada del mercado de toda la producción afectada y a su destrucción con un coste fácilmente cuantificable y, finalmente, deteriora la imagen de la empresa cuyas consecuencias económicas son más difíciles de medir pero pueden perderse clientes por falta de confianza, puede ser necesaria una inversión en marketing importante para “limpiar” el nombre de la empresa o lanzar una nueva marca.

Esto es lo que ha ocurrido con los pepinos españoles y ha arrastrado a todo el sector hortofrutícola aunque la causa no ha sido un fallo en el sistema de seguridad alimentaria de las empresas sino un fallo de las autoridades sanitarias, y las empresas españolas conscientes de que sus productos eran seguros han defendido siempre esta  postura.

Por tanto, los sistemas de gestión de la calidad y seguridad alimentaria son la herramienta que tienen las empresas para garantizar la seguridad alimentaria interna y externamente ya que de esta forma se aseguran que no van a poner en circulación productos que puedan ser rechazados por sus clientes produciendo las pérdidas económicas y de imagen antes referidas. El mantenimiento de un sistema de calidad le va a beneficiar por todas las razones ya expuestas: tendrá controlada su gestión interna, evitará rechazos de producto y mejorará su imagen hacia los clientes y su cuenta de resultados. En Confinem le ayudaremos en la implantación y mantenimiento de estos sistemas.

¿Hablamos?

Carmen Monterde

Consultora de Calidad y Seguridad Alimentaria Confinem

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